jueves, 8 de febrero de 2018

Hoy, cumplo años feliz!


No es un error de escritura, efectivamente cumplo años feliz. Casi sin darme cuenta estoy cumpliendo 36 años y aunque suene a tópico y típico, me encuentro mejor que nunca. Después de unos años dedicándome de ser madre a tiempo completo, disfrutando de lo bueno de esta labor, pero sufriendo también las consecuencias de dicha tarea (olvidarme de mi y maltratarme con frustraciones innecesarias) poco a poco estoy encontrando mi lugar en el mundo. Un lugar en el que me siento Feliz. En esta nueva etapa, la maternidad ocupa un espacio importante, pero no todo el espacio. En la vida todo tiene su momento, pero cuando me lo dicen los demás no me vale, lo he tenido que comprobar por mi solita, pero también he tenido que estar muy atenta y cuando ha llegado ese momento, me he subido al tren de un salto! 

Me acabo de matricular en un grado de Comunicación y comienzo en 10 días. Estoy acojonada. Tan solo me he matriculado de dos asignaturas pero aún así me preocupa el no poder llegar a todo. Pero me hace muy feliz el hecho de haber tomado la decisión. Estoy escribiendo un libro. Hace un poco más de un año que comencé a escribir y se lo he dicho a muy poca gente. Pero me hace muy feliz el hecho de compartirlo por fin con vosotros. Tengo la mejor técnica (Meditación Trascendental) para llevar mi mente a los niveles más sutiles y con ello conseguir despertar lo mejor de mi misma y tomar decisiones evolutivas. Y me hace feliz todo lo que esta técnica ha traído a mi vida. Comparto mi vida con un hombre bueno, sabio, loco y valiente que me ama, me mima, me ayuda y me anima a ser mejor cada día. Y aunque no siempre sea fácil vivir conmigo, me persigue por el pasillo en cuanto nos quedamos solos y me tira a la cama entre carcajadas. Y eso, también me hace feliz. Tengo dos hijos que me han enseñado qué es el amor verdadero, a esconder una carcajada cuando la lían y a fascinarme con el poder que tiene un abrazo. Me llevan loca, pero me hacen feliz de tan solo mirarlos. Me he vuelto a meter en unos vaqueros de la 38  después de unos cuantos años de embarazos, lactancia, desequilibrios y demás. Con ayuda profesional, a base de cambiar mis hábitos, de volver a lo natural, conociendo los alimentos y comiendo comida de verdad, estoy consiguiendo disfrutar de la comida evitando productos innecesarios y dañinos. Y me hace muy feliz también. He aprendido a observar mis cicatrices y a quererlas tal y como son, las del corazón me han enseñado a perdonar y  aceptar las cosas tal y como son y a “let it go”  y las de las cesáreas me han dado a mis dos hijos. Y me hace feliz ser consciente de ellas. He descubierto un ejercicio muy completo, el yoga aéreo, y que además me hace sentirme bien a todos los niveles. Y me hace feliz el haberme regalado ese tiempo solo para mí.

Y con todo esto, siento que puedo cambiar el mundo, al menos el mío, cambiarlo poco a poco aprendiendo cada día algo nuevo, de cada experiencia, de cada persona que llega a mi vida. Teniendo el valor de superar el ego y adaptar esas nuevas formas a mi rutina, superando de una vez por todas el “toda la vida se ha hecho así” y el “que dirán”…

Así que hoy, con mis 36 años recién cumplidos, hago mía la frase del gran Steve Jobs y me preparo para otro año lleno de retos, aventuras, alegría y amor, muchos amor!! ¿Alguien quiere una copita de cava...?

“Porque sólo quienes están tan locos como para pensar que pueden cambiar el mundo, son capaces de cambiarlo de verdad. "



martes, 6 de febrero de 2018

El domingo llegué a casa y tenía una llamada...

El domingo por la noche llegamos a casa cansados y deseando sentarnos en el sofá y hacer un poquito de Netflix & chill. Mientras íbamos en el coche Lilah me preguntó a quien le tocaba esa noche elegir película. Le mire de reojo y estaba con carita de buena mirándome: "¿podemos ver lo del maquillaje?, ¿porfaa?" Hablaba de “Skin Wars”, un concurso americano de maquillaje corporal que nos gusta a todos, es entretenido, divertido y sobretodo muy creativo. Lo vemos algunas noche cuando los niños siguen despiertos y no podemos ver otras series mas serias, valga la redundancia

Pero al llegar a casa, Netflix nos estaba esperando con una sorpresa. Al abrir la pantalla principal, me llamó la atención un cartel amarillo, vivo y llamativo. Cuando reparé en el titulo…”La Llamada” Le pegue un grito a Rubén...lo vemos?

Los Javis (directores de la película) habían estado en nuestras últimas conversaciones y habíamos visto la gala de los Goya el día anterior, así que decidimos sin hablar que era el momento perfecto. Esa es la manera en la que funcionamos, las cosas que nos llegan de esa manera tan clara, la tomamos, tal cual. Como dirían Los Javis, “Lo hacemos y ya vemos”.

Así que, preparamos palomitas y nos pusimos manos a la obra...a la pedazo de obra de arte que resultó ser la película. No os la voy a contar porque cada uno debe verla y sacar sus propia conclusiones pero si voy a intentar explicar, si soy capaz, lo que yo sentí al verla…que fue mucho.

A nivel visual es muy divertida. Fresca y alegre. Un campamento de verano de monjas. Promete! Pero cuando comienzas a meterte en la historia y conoces a los personajes y ves tanta verdad en ellos (bueno, ellas en realidad ellas porque son todas mujeres, menos Dios, que aparece en forma de hombre, eso si, vestido de lentejuelas y cantando por Whitney Houston) te das cuenta de que te espera un rato lleno de revelaciones.

Para mi, “La Llamada” es toda una revolución: es una historia de amor, de superación, de descubrimiento y de lucha como nunca antes ha sido contada.
La lucha interna que ocurre cuando te llega “la llamada”, cuando miras a tu alrededor y ves que nadie lo entiende pero que tú le ves muchísimo sentido. El descubrimiento de algo nuevo, algo que te llena por dentro, pero que intentas decirlo en palabras o escribirlo y ni siquiera tu lo entiendes, como si todavía no estuviera preparado para salir. Entonces es cuando reconoces que esa llamada es real y que es para ti, te rindes totalmente al mensaje recibido y te levantas de nuevo llena de energía y dispuesta a superar cualquier obstáculo para seguir esa llamada. Y ahí llega el amor, que te llena, que todo lo puede. El amor incondicional, como elemento de unión. El amor de verdad, esa luz que cuando se instala en ti se deja ver por cada poro de la piel. Esa fuerza sobrehumana que nos hace ser mas fuertes y más valientes de lo que nunca hubiéramos pensado. El amor sano, de corazón a corazón, sin etiquetas.

Yo lloré, desconsoladamente y en varias ocasiones, no puedo decir cuando ni porqué para no estropear la peli, pero si que puedo decir que las canciones son maravillosas y perfectamente seleccionadas para cada momento. Como buena Yeclana, me encantó escuchar y redescubrir la letra de “Todas las flores” y el momento en que hablan de Presuntos Implicados. Me sentí muy identificada con la historia, no con ninguna en concreto pero si con la idea principal, con la incomprensión que sientes durante el proceso hasta que poco a poco vas descubriendo, señal tras señal, que ese es el camino.

Solo me queda por decir, que desde ahora soy fan total de “Los Javis”, independientemente de que ahora esté de moda. Pero por lo poco que conozco de ellos, me quito el sombrero. Atentos a estos chicos, tienen mucho que contar.

PD: si no crees que te vaya a hacer sentir nada de esto, igualmente no te la pierdas! como comedia también es genial! Y en Netflix esta la versión sing-along (estilo karaoke) para cantar las canciones. Super divertido!! Besitos.


viernes, 26 de mayo de 2017

Atractivo Silencio

Hay días de estos como mágicos en los que la siesta de tus dos hijos coinciden cual planetas en el universo y se produce de repente un eclipse de sonido. Te encuentras de repente haciendo un poco de ruido a posta para comprobar que no te has quedado sorda, que en realidad es silencio verdadero. Entonces, te paras y piensas...Y que hago yo ahora? Si digo la verdad, me acostaría. El cansancio se esta conviertiendo en una sensación constante y quiero acabar con eso. Meditaría, pero todavía es muy pronto para meditar, me está haciendo la digestión. El silencio de hoy es tan atractivo que no se puede desperdiciar tan solo durmiendo. Tengo mil camisas por planchar, camisetas de los niños para doblar, todavía queda algo de ropa en mi maleta de este último puente, pero lo que más me apetece ahora es escribir. Tengo varias ideas en mente, historias que llevan rondando hace tiempo en mi cabeza y varios temas que han surgido en los últimos días. Me planteo si es que en realidad tengo tanta necesidad de escribir porque no hablo lo suficiente o es que, tal vez es la única manera en la que me expreso con total libertad. Tengo pendiente la segunda parte de un cuento, basado en hechos reales, pero no es tan bonita como fue la primera, así que no lo voy a forzar, ya le llegara su hora , al cuento y a la malvada hechicera, bueno...no voy a dar pistas.
También tengo entre manos un "fondo de armario". No se si esto existe en términos literarios, pero yo no sabía cómo llamar a estos escritos que no llegan a publicarse pero que poco a poco van creando algo con sentido. Lo ideal sería sentarme frente al ordenador con una taza de café con leche y unas galletitas y escribir hasta que se pusiera el sol( o se despertaran los peques, ja) Pero papa gorila ya ha vuelto y tiene acaparado el ordenador entre trabajos y reuniones por skype. Así que me toca escribir en la pantalla de mi móvil, que además, está rota! Pero no me voy a quejar. He escrito un rato, he disfrutado del silencio y de una onza de chocolate negro . Ya son las 5, es un buen momento para meditar...

Hasta la próxima! 

sábado, 22 de abril de 2017

Todo tiene su hora...el dia que llegó Lilah


A principios de Marzo, precisamente el dia Internacional de la Mujer, acudí a una profesional del ámbito maternal y charle con ella un rato. Habia tenido molestias en el pecho y mi ginecóloga me derivo a ella. Yo iba a consultarle un tema de lactancia pero, hablando de todo, salió el tema de la cesárea a la que me sometí cuando nació Lilah. Después de un rato contándole detalles me sugirió que lo escribiera. Me dijo que tal vez mi experiencia podía servir de ayuda a otras personas.Y yo, encantada.  Ya había empezado a escribirlo alguna vez, pero se me hacía muy duro. De hecho incluso con la motivacion que ella me dio a escribirlo me ha costado un par de meses unir todos los recuerdos, ser consciente de ellos y pasar el dolor que a veces todavía me produce. Necesitaba un empujoncito. Tenia mucho que decir de aquellos días y no había llegado el momento. Pero como bien canta nuestro querido Juan Luis Guerra...todo tiene su hora:


Y esta es la historia del día en que Lilah llegó al mundo:

El día 30 de Octubre, poco después de las 7 de la mañana me levante sobresaltada al oír un ruido, me levante al baño y descubrí que estaba soltando un poquito de liquido, mas de lo que es un pipí normal. Entre a la habitación y le dije a Rubén con una risilla nerviosa: "Creo que tenemos que ir al hospital, aquí pasa algo raro, parece que Lilah ya viene". Era mi primer bebe y como cualquier madre primeriza, me había hecho y desecho mil películas en mi cabeza de como podría ser el momento del parto. Ruben me dijo: "tranquila, tomate tu tiempo, duchate, desayunamos y nos vamos". Así lo hicimos. Al secarme tras la ducha confirmaba que seguía cayendo un liquido transparente piernas abajo. Desayunamos con mi madre y nos fuimos al hospital.
Sobre las 9 de la mañana entré por la puerta de urgencias, una parte de mi estaba tranquila porque no tenia ningún tipo de dolor, además había tenido un embarazo muy bueno. Era probable que me enviaran de vuelta a casa, pero por otro lado, si confirmaban que era liquido amniótico, me quedaría allí hasta que Lilah naciera. Y así fue, en pocos minutos me confirmaron que la bolsa se había agrietado y el liquido amniótico estaba saliendo un poquito por lo que me iba a quedar ingresada en el hospital para esperar a que Lilah naciera.

Alrededor de las 10 de la mañana subí a planta, me asignaron una habitación y me dijeron que me iban a dejar una pelota, debía andar por el pasillo, hacer sentadillas y algún ejercicio mas para ver si me ponía de parto. Me dieron un limite de 4 horas para ponerme de parto "por mi cuenta". En la habitación estábamos mi marido, mi madre y yo. No habíamos avisado a nadie mas, porque podía ser que fuera para largo, así que, comenzamos el día los tres y la pelota. Tengo buen recuerdo de aquel momento. Tuve la suerte de que la habitación que me asignaron tan solo tenia una cama y eso me daba espacio para moverme y hacer los ejercicios sin tener que salir al pasillo. Comencé a tener pequeñas contracciones que poco a poco se iban acentuando y mi marido me masajeaba la zona lumbar tal y como le habían aconsejado con antelación. Aunque con un poco de dolor, las primeras horas fueron buenas, estábamos emocionados, enseguida le íbamos a ver la carita a nuestra pequeña Lilah, estábamos los tres bromeando, incluso sacando fotos "para el recuerdo". Hubo un momento en que, haciendo una sentadilla, se rompió la bolsa. Bien -pensé- otro paso mas, parecía que las contracciones aumentaban. Las cuatro horas pasaron y alguien me recomendó que pidiera una sopa "el día puede ser largo, y no te van a dejar comer nada una vez que bajes a paritorio". Así lo hice, me tomé una sopita de pollo y enseguida me bajaron a paritorio a seguir el proceso. La matrona que estaba de guardia se llamaba Paqui. Hablamos un poco y enseguida congeniamos bien. Me explico todo, me dijo que debido a que la bolsa se había agrietado, el liquido había salido y teníamos una serie de horas limitadas para que Lilah naciera, pero que íbamos a hacer todo lo que fuera necesario para tener un parto natural, lo mas natural posible. 
En algún momento le pregunte a la matrona si debía llamar ya a la familia, me miro y dijo, va para largo, yo le conteste que mis suegros vivían en Barcelona. Entonces dijo, vale, pues diles que vayan bajando, tranquilos.

Me pusieron oxitocina y poco a poco las contracciones comenzaron a ser mas fuertes y regulares. A pesar del dolor, estábamos contentos porque este era el camino para conocer a nuestra peque. De estas horas tengo bastantes lagunas, tan solo recuerdo algunos detalles concretos. En mi mente aparece el reloj de la pared de la derecha, recuerdo que giraba rápido, cada vez que lo mirábamos había pasado una hora mas. También recuerdo que me gustó que los monitores fueran inalámbricos y me pude estar moviendo por la habitación sin problema, ir al baño y coger posturas para aliviar el dolor. La matrona estaba contenta con mi manera de lidiar con las contracciones, parece ser que controlo muy bien el dolor y ella me alentaba diciendo que lo iba a grabar de ejemplo para las clases de pre parto. Mi marido me ayudaba con la respiración cuando venían los picos fuertes de las contracciones y así, pasaban horas y horas. A todo esto, cada vez que comprobaban la dilatación había dos centímetros, tal vez un poco mas, pero no pasaba de ahí.
La matrona me exploraba y ponia caras raras, no sabia en que posición estaba el bebe. Me decia que le podia tocar las fontanelas pero no lograba adivinar en que posición se encontraba. Yo tenia ganas de empujar, pero parecia que el bebe estaba empujando en la direccion equivocada.
Estábamos mas o menos contentos porque nos había tocado un ginecólogo joven y aparentemente "enrollado", pero fue una desilusión cuando comenzamos a conversar y nos hizo comentarios del tipo: "¿Que hacen vuestras familias fuera? ¿Es que piensan que pueden empujar por ti? Decidle que se vayan. Aquí no hacen nada! Mañana serán mas útiles descansados, ya los llamareis cuando nazca la niña" Y nosotros, primerizos que eramos y educados que somos, pues callamos y seguimos a lo nuestro, pero cada vez que abría la boca resultaba mas prepotente.

A eso de las nueve de la noche mis suegros llegaron desde Barcelona y se encontraron con mis padres en la sala de espera de Urgencias.
Mis padres, mis suegros e incluso alguno de mis tíos pasaron la tarde y la noche en la sala de espera. Estaban preocupados, ya llevábamos dentro muchas horas. Mi madre consolaba a mi suegra diciéndole. -"no te preocupes, en cuanto salgan de paritorio, nos dejaran verlas, aunque sea un momentito en el ascensor"-Toda la vida había sido así, así que ellas tenían esa esperanza.

Cerca de las 2-3 de la madrugada el ginecólogo me dijo que tenia que hacerle una prueba al bebe para ver cual era su nivel de cansancio/estrés. Tengo una imagen grabada de la cara de Ruben cuando el ginecólogo introdujo una aguja larguisima y pinchó en la cabecita de la bebe, era para medir el nivel de cortisol. Parece ser que no le gusto lo que vio y en poco minutos me estaba diciendo que no podíamos esperar mas. Tenia que someterme a una cesarea. (*En estos momento que escribo "someterme a una cesárea" me doy cuenta de lo literal que es esta expresión. No podría haber encontrado una palabra mas clara para describir mi experiencia en aquel quirófano: "sumisión")  

En ese momento se me cayó el mundo encima, ¿cesárea? Tal vez fue mi culpa, el hecho de que yo no hubiera barajado para nada esa posibilidad, lo que hizo quedarme en shock por unos segundos. Quería llorar, gritar, querría haber echado a correr, comenzar todo de nuevo. Todo esto paso por mi cabeza en ese momento, pero de repente, en ese caos de pensamientos, encontré los ojos de Ruben que me estaban mirando en mi angustia silenciosa. Decidimos, sin hablar, aceptar la situación tal cual había llegado. Todo va a salir bien, me dijo mientras lo invitaban a abandonar la sala. No podiamos creer que despues de haber estado en el extranjero durante casi todo el embarazo, se iba a perder el nacimiento de Lilah. Enseguida llego la anestesista para ponerme la segunda epidural. Al salir mi marido de la sala, me cayeron dos lagrimones por las mejillas y respire hondo pensando que tenia que ser fuerte por el bebe. No me podía venir abajo ahora que ya quedaba tan poco. Me pincharon de nuevo anestesia, las enfermeras me prepararon en un momento y enseguida estaba de camino a quirófano.

Lo recuerdo blanco, frío y con mucha gente. Me sentía muy desnuda, hacia frío y me comenzaron a preparar. Las manos atadas, el gorrito puesto, la vía y la lucecita roja en el dedo. Una imagen nada comparable a lo que una mujer piensa que puede ser el nacimiento de su primer bebe. Recuerdo gente delante de mi, por lo menos tres, gente detrás. Una enfermera se me presento, me dijo su nombre ( lo recuerdo muy bien pero lo voy a mantener anonimo) y me dijo: Yo estoy aquí contigo, dime como te vas sintiendo. De repente me sentí muy mareada, sentí que me iba y avise a la enfermera. Rotaron la camilla hacia mi izquierda hasta que me recupere un poco y enseguida siguieron. Tenia mucho frío. Comencé a temblar, ni siquiera podía hablar, la mandíbula estaba como bloqueada y se me cerraban los ojos. Yo intentaba comunicarme con la enfermera pidiendo socorro con la mirada. Sentí que me moría. Por un momento pensé que no iba a salir de ese quirófano. La enfermera, al ver que estaba empezando a tener convulsiones, pregunto si era normal. La anestesista estaba tan segura de que no pasaba nada, que te hacia sentir ridícula hasta por el simple hecho de preguntar. La oí comentar, "...se habrán solapado las epidurales..." Por supuesto, no entendí nada. Yo solo sabía que nunca me había encontrado tan mal. En ese momento pensé...y que pasa si ahora me muero? Que forma tan triste de morir. Atada a una camilla, desnuda, fría y sin saber cual es la evolución del nacimiento de tu primera hija. Piensas, si me muero por favor que avisen rápido a mi marido, que esta fuera con las abuelas, que por favor coja a mi niña y la arrulle fuerte para que no le falte calor, ni amor, ni nada…y mientras rueda una lágrima por mi cara y pienso que se congelara al caer en aquel espacio tan metalico. Ya no se si ahí estaba consciente, delirando o que, pero en ese momento volví a la realidad y me di cuenta, a pesar de que desde mi posición no veía nada, de que ya habían sacado a Lilah. Silencio. Todos mis sentidos están alerta para escuchar a mi bebe. Silencio. Comienza de nuevo el barullo de preguntas en mi mente. ¿Ya esta?, ¿nadie me va a decir nada?, ¿ Debo preguntar? ¿ Donde esta Lilah? ¿Por que no llora? Al final pregunté…me dicen que esta muy cansada, ha estado muchas horas tratando de salir y ahora tienen que ayudarle a recuperarse. Alguien apareció por detrás de mi y me dijo: aquí la tienes, es tu hija, ¡dale un beso! ¿Un beso??  Después de nueve meses dentro de mi...¿tan solo le puedo dar un beso?. Yo la quiero coger, arroparla, besarla, mirarle esa carita, los labios tan rojos…intento hacerlo, pero me doy cuenta de que sigo atada. Me la acercan y consigo darle el primer besito y me dicen que se la suben a neonatos para recuperarla. En un ratito estaremos juntas, me digo para mis adentros e intento de nuevo no llorar.

De todo esto hace mas de tres años. He pasado por otra cesárea (muy urgente y nada traumática) y todavía no soy capaz de explicar esta experiencia ( y menos en voz alta) sin que me salten las lágrimas. La única sensación agradable que recuerdo es la mano calentita de la enfermera que me tocaba los hombros y la cara todo el rato para que yo entrara en calor. Es lo único que me hacer recordar que en ese proceso habían personas reales y que no fue tan solo una pesadilla.

Vi a Ruben en el pasillo y le dije, todavía un poco drogada :
cariño buscala, se parece a tu madre. La hora y media que pase sola en la sala de recuperación fue dolorosa. No recuerdo para nada dolor físico, pero me sentí muy sola. Nadie me explico como estaba Lilah ni donde ni con quien. La vi una vez que me subieron a planta. Me pareció extraño no haber visto a mis padres ni a mis suegros, imagine que estarian preocupados y pregunté que porque no habian subido a vernos. Después de estar 16 horas en la sala de espera, los enfermeros y celadores de aquella guardia dijeron que el ginecologo que nos habia atendido habia dado orden de no dejar pasar a nadie a la habitación. Y sin ningun tipo de explicacion más, cerraron la ventanilla de urgencias  y los enviaron a casa. Así se tuvieron que ir a casa, a intentar dormir y esperar al día siguiente para vernos.



A partir de ahi todo fue bien. La niña esta sana y feliz y yo, con un pedazo de cicatriz( bueno, ahora ya tengo dos y cada vez mas orgullosa) pero también estoy sana y feliz. Y debido a que estamos sanas y felices, se nos olvida explicar las malas experiencias por las que hemos pasado. Por no hacer sufrir a nuestras madres o a nuestras parejas, por no asustar a nuestras amigas embarazadas o para no ofender a nuestra matrona que es tan maja...Y ademas,con el sentimiento de culpa de  -"encima que mi hijo esta sano, como me voy a ir quejando...-" nos lo tragamos y lo enquistamos para siempre dentro de nosotras.

Me considero una mujer fuerte y muy flexible, me adapto a cualquier circunstancia y acepto las cosas tal y como me son entregadas. Soy defensora del parto natural, pero estoy agradecida porque dos cesáreas han permitido que mis hijos y yo estemos aquí hoy.  Con este escrito tan solo quiero hacer saber que unas palabra amables, unas manos calientes o una explicación sencilla de lo que esta ocurriendo son expresiones muy valiosas y muy bien recibidas por la mujer que esta dando a luz y para ello no se necesita ningún titulo universitario, tan solo hay que ser consciente de que se esta tratando con personas. Todos y cada uno de nosotros venimos del mismo lugar, todos hemos nacido de nuestra madre. Tal vez siendo conscientes de esto, tan solo hay que preguntarse...como me gustaría que hubieran tratado a mi madre cuando yo nací? Y como siempre, el AMOR es la respuesta..